Dr. Omar Salazar
Programa de Estudios Interculturales, Universidad de Concepción.
(En homenaje al antropólogo y visita ilustre de la UdeC, Robert Lavenda q.e.p.d.).
Tras el clímax simbólico de las Fiestas Patrias suele atenuarse el fervor, pero persiste un sentimiento sereno de pertenencia. La “chilenidad” no se extingue con septiembre: nos acompaña en el lugar donde estemos y bajo las circunstancias que nos toquen. Esa continuidad identitaria remite a elementos visibles —gastronomía, rituales, símbolos—, pero encuentra su anclaje más hondo en la lengua, entendida no solo como sistema, sino como práctica social que moldea percepciones, organiza la experiencia y habilita formas de acción. Habitar una lengua es, en rigor, habitar una comunidad moral e imaginaria: percibir, pensar y comportarse con arreglo a patrones compartidos.
En el caso chileno, la cocina —harina tostada, cazuela, porotos con rienda, empanada y vino tinto— actúa como repertorio de reconocimiento, especialmente en la diáspora. Sin embargo, es la variedad chilena del español la que articula con mayor potencia el nosotros. Fórmulas como al tiro, chaíto, nos estamos llamando o un ratito condensan ritmos, cortesía y expectativas socialmente situadas. En ese inventario expresivo destaca, por alcance y plasticidad, una pieza de uso cotidiano: “es complicao”, expresión en la que reparó el antropólogo Robert Lavenda, durante su semestre como profesor invitado en el Departamento de Antropología de la Universidad de Concepción.
La expresión, que condensa la apócope fonética (complicado → complicao) tan propia del habla coloquial chilena, opera como un marcador de postura (stance marker): posiciona al hablante frente a un asunto, no tanto para clausurarlo, sino para abrir un espacio de deliberación prudente. Su productividad pragmática es múltiple:
- Gestión de la cortesía y del disenso. “Es complicao” mitiga desacuerdos y suaviza objeciones. En lugar de contradecir de forma frontal, desplaza el eje desde la persona o la idea hacia la naturaleza del problema. Se protege así la “imagen” (face) del interlocutor y del propio hablante, en línea con patrones locales de evitar la confrontación directa.
- Economía de expectativas. La fórmula señala obstáculos —institucionales, técnicos, afectivos— sin especificarlos del todo. Funciona como alerta de complejidad que regula expectativas y prepara a la audiencia para itinerarios más largos: papeleo, esperas, ajustes, “vueltas”.
- Ética de la prudencia. Aun cuando puede leerse como resignación, con frecuencia es un gesto de cautela epistémica: reconoce límites de información o de control antes de comprometer soluciones tajantes. Es, en ese sentido, una virtud cognitiva: el reconocimiento socialmente valorado de que los asuntos “tienen varias puntas”.
- Invitación a la creatividad. Lejos de clausurar, muchas veces activa la búsqueda de alternativas. Al declarar la complicación, legitima la necesidad de “ingeniárselas”, movilizando redes, atajos y arreglos que caracterizan la resolución práctica de problemas en contextos de recursos escasos o burocracias densas.
“Es complicao” cumple, además, una función indexical: su enunciación identifica al hablante como participante competente del juego local de significados. El indexicalismo aquí es doble: remite al espacio sociocultural (Chile) y al ethos conversacional que conjuga ironía, prudencia y eficacia. Como otros chilenismos —cachái, po, ya (con sus entonaciones)—, más que aportar contenido proposicional, la frase administra la interacción: modula ritmos, marca transición temática y calibra la relación interpersonal.
Su potencia identitaria se refuerza en la fonética: la elisión de /d/ intervocálica no solo economiza el gesto articulatorio; señala pertenencia. Decir complicao —y no complicado— delimita, con economía expresiva, un “nosotros” audible. Esa materialidad sonora, a menudo soslayada en análisis puramente semánticos, porta memoria social: educa el oído, delimita afiliaciones y, no menos importante, produce afecto.
Ahora bien, ¿por qué una comunidad elevaría a emblema una expresión que parece subrayar trabas? Porque “es complicao” no glorifica la dificultad; reconoce la complejidad. Se trata de una respuesta sensata en escenarios donde los problemas rara vez son unidimensionales. Al mismo tiempo, encarna una pequeña pedagogía cívica: enseña a desacelerar, preguntar y ponderar. La frase, en su modestia, desautoriza las soluciones mágicas; reclama diagnóstico y co-construcción.
En clave sociolingüística, podríamos describirla como un marcador de encuadre (framing): sitúa la conversación en modo “evaluación y ajuste”. En retórica, funciona como proemio heurístico: un umbral que legitima el examen. En ética profesional, evoca la deberosidad de la prudencia; en educación cívica, se emparenta con la alfabetización en complejidad. No es casual que interlocutores extranjeros —antropólogos, visitantes de larga data— perciban la frecuencia del giro y, al hacerlo, capten un rasgo de la “chilenidad” más estable que el entusiasmo festivo.
Esto no significa que la expresión carezca de ambigüedades. Puede en ocasiones enmascarar inercias o naturalizar la postergación. De ahí que el desafío no sea desterrarla, sino resignificarla como umbral responsable: si “es complicao”, ¿qué información falta?, ¿qué actores deben incorporarse?, ¿qué rutas alternativas existen?, ¿qué costos y beneficios están en juego? Convertida en práctica reflexiva, la fórmula deja de ser coartada y deviene método.
En suma, hablar una lengua es vivir en ella, y vivir el español de Chile implica habitar expresiones que organizan nuestro sentido de lo posible. Entre ellas, “es complicao” condensa un modo local de mirar el mundo sin ingenuidad, de cuidar el vínculo en el disentir, y de abrir la inteligencia colectiva ante problemas que, casi siempre, requieren algo más que soluciones de manual. No es pesimismo; es lucidez con ganas de hacer.
Si, como comunidad, logramos convertir ese gesto en educación para la complejidad —en políticas, instituciones, aulas y barrios—, entonces el lugar común dejará ver su mejor secreto: reconocer que “es complicao” es el primer paso para hacerlo bien.